Plena Sierra: un año de encuentros en el Valle de Paravachasca

Plena Sierra cumple un año narrando el Valle de Paravachasca y fortaleciendo una red de producción, cultura y comunidad. A doce meses de su primera publicación, el proyecto recorre lo aprendido, los vínculos construidos y el mapa diverso de experiencias que dieron forma a este camino compartido.
Actualidad26 de febrero de 2026 Jesica Maritano, Ariel Ordoñez
Plena Sierra cumple un año narrando el Valle de Paravachasca y fortaleciendo una red de producción, cultura y comunidad

Un año de encuentros en el Valle de Paravachasca

A un año de la primera publicación, Plena Sierra se permite una pausa para mirar lo recorrido, un momento de registro: el tiempo para reconocer lo transitado, los aprendizajes que fueron apareciendo y los vínculos que materializaron el sentido de este proyecto desde sus primeros pasos.

Plena Sierra nació con la intención de difundir y visibilizar iniciativas del Valle de Paravachasca. Con el correr de los meses, esa idea inicial fue tomando cuerpo a través de los encuentros ya que con cada artículo nos acercamos a una experiencia concreta, a escuchar una historia, comprender un contexto y encontrar la forma justa de narrarlo. En ese proceso, el proyecto se fue transformando: la mirada se volvió más atenta, el modo de escribir más consciente y la responsabilidad de comunicar desde el territorio se hizo más clara. No hubo un recorrido lineal ni predefinido; el camino se fue armando a partir de las personas, los espacios y los proyectos que abrieron sus puertas para compartir lo que hacen.

Lo que aprendimos sobre emprender

En este primer año también fuimos entendiendo, en la práctica, qué significa emprender. Emprender es sortear con creatividad y eficiencia el terreno de las dificultades, invertir energías donde se intuye que pueden multiplicarse, y sostener una mezcla de convicción, vocación y propósito. Es crear sin temor, jugar con las herramientas disponibles para construir un presente posible, optimizar los procesos y, al mismo tiempo, aprender a disfrutar el recorrido.

Pero, sobre todo, emprender es tejer red: colaborar, compartir, afianzar vínculos y fortalecer la dinámica social en beneficio del conjunto. Desde ese lugar, Plena Sierra activó día a día una labor orientada a consolidar una trama productiva que conecte a personas y organizaciones dedicadas a las artesanías, la gestión cultural, la producción local y los distintos servicios que sostienen la vida económica y comunitaria del valle.

Una red que se volvió comunidad

En este tiempo, las relaciones fueron dando fruto, lo que alimentó el sentido del proyecto y permitió que la comunidad creciera junto con él. A lo largo del año se co-creó un presente activo, sostenido en la tarea de comunicar y difundir con conciencia, cuidado y compromiso territorial.

Hoy el nombre de la Red Plena Sierra resuena en espacios culturales, redes digitales, ferias, festivales y comercios locales. Nada de esto ocurrió en soledad: desde el inicio, incluso cuando el proyecto era apenas una idea, hubo una gran cantidad de personas que acompañaron con su palabra, su trabajo y su confianza. Esa apuesta generosa es, en definitiva, la base sobre la que se sostiene todo lo recorrido.

Los artículos publicados narran el camino

Durante estos meses, los artículos publicados en Plena Sierra comenzaron a construir un recorrido compartido porque cada nota nació de un encuentro puntual, pero que en conjunto, fueron dibujando una imagen más amplia del Valle de Paravachasca y de las múltiples formas de habitarlo, producirlo y cuidarlo.

Producciones locales protagonistas en la economía comunitaria

La producción local apareció desde el inicio como una presencia constante. Emprendimientos como Patay Cami, con su panificación artesanal en La Serranita, La Empanadería en Villa La Serranita o La Picantería, con sabores que recuperan recetas tradicionales, mostraron proyectos familiares sostenidos en el tiempo. A ellos se sumaron propuestas como Pasionaria Cosmética, Muyuy Ecoesteras y Ecoquinchos, Montañés Craft Beer o Reinventarte Tapicería, donde el trabajo artesanal, la búsqueda de sustentabilidad y el conocimiento aprendido en la práctica forman parte del día a día. También servicios como Backup Sistemas de Seguridad o Lubricantes Lubrialt dieron cuenta de una economía local diversa, activa y comprometida con su entorno.

Una escena viva entre música, palabra y encuentro

Ese entramado productivo dialogó de manera natural con el arte y la creación. La música de Marcos Navarro en “Vuela en la Tarde”, el obsequio sonoro de Violeta Quintana con “Soy (Elohim)” o la mirada sensible de Bruno Medina a través de la fotografía aportaron perspectivas personales y profundas. Festivales y encuentros como el Festival de la Canción del Valle, Arte&Monte, Festival de Títeres Pan y Vino, Festival de Bibliotecas Populares de La Urdimbre, Un Monte de Palabras o La Noche de las Lecturas mostraron una escena cultural viva, sostenida por la autogestión y el trabajo colectivo. Espacios como el Corredor Escénico Paravachasca, El Cañito Cultural o las ferias artesanales del valle reforzaron la trama de creación compartida.

Durante la temporada 2025–2026, distintas localidades del Valle de Paravachasca sostienen ferias artesanales y culturales con producción local, gastronomía y propuestas abiertas a la comunidadGuía de ferias en Paravachasca: Producción local y encuentros al aire libre

Redes de cuidado en acción

En muchos de estos recorridos apareció con fuerza el cuidado y el bienestar. Propuestas como SOMA, las clases de yoga terapéutico con Emilse Echenique (emmi.omm), la Primera Jornada de Bienestar en Villa Roma o la Jornada Saludable para las Infancias en Villa Los Aromos acercaron prácticas de salud integral pensadas desde la cercanía. Iniciativas como la labor sostenida de la Fundación ADMA en el cuidado animal, mostraron formas concretas de sostener la vida comunitaria desde distintos frentes.

Testimonios de un territorio vivo: habitantes, ambiente y cuidado

El ambiente y el territorio también fueron protagonistas. La tarea de la Fundación Garabato en la restauración del monte nativo, los encuentros de Encuentro Azul y su vínculo con el agua, las acciones en la Reserva El Amanecer o los trabajos educativos del CENMA Villa Oviedo pusieron en primer plano la relación entre comunidad y entorno. En estos artículos, el monte, el agua y la tierra aparecieron ligados a prácticas concretas de cuidado, educación y responsabilidad compartida.

reserva_el_amanecer_jornada_948x568¿Qué queda del ex basural? La comunidad de Alta Gracia unida por La Reserva El Amanecer

Saberes en conjunto: educación y conocimiento compartido

A lo largo de todo el recorrido, la educación y el conocimiento compartido atravesaron múltiples experiencias. La Comunidad Científica Paravachasca, las propuestas educativas formales y no formales, las ferias del libro, los espacios culturales y los proyectos ambientales mostraron que el conocimiento en el valle se construye en diálogo, combinando saberes académicos, ancestrales y comunitarios. Este ecosistema permitió que iniciativas educativas como Luces del Valle propongan nuevas formas para las infancias, y así, los aprendizajes colectivos aparecieron ligados al acompañamiento cotidiano y al fortalecimiento de los lazos en la comunidad.

Un año de movimiento y crecimiento sostenido

Este conjunto de artículos supo reflejar el mapa diverso que es nuestro territorio y, al mismo tiempo, marcó el propio aprendizaje de Plena Sierra, que se fue consolidando en un espacio de encuentro, escucha y comunicación respetuosa, atento a las personas y a los procesos que hacen posible la vida cultural, productiva y comunitaria del Valle de Paravachasca.

El recorrido continúa, abierto a nuevos encuentros y nuevas historias, con la misma intención que dio origen al proyecto: compartir lo que sucede en el Valle de Paravachasca, desde sus voces y sus prácticas cotidianas.

Agradecimiento a la comunidad

Este recorrido es posible gracias a las personas que, a lo largo del año, abrieron sus puertas, compartieron su tiempo, sus historias y su labor, y que en cada encuentro dejaron su huella para dar forma a la red que hoy sostiene y da sentido a Plena Sierra.

Agradecemos profundamente a quienes confiaron en este espacio, a quienes acompañaron con su palabra, su colaboración y su presencia, y a toda la comunidad del Valle de Paravachasca que, con su apertura y compromiso, hace posible que estas experiencias existan y puedan ser contadas.

Este camino es colectivo, y es justamente en esa construcción compartida donde encuentra su mayor valor.

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